Santuario de La Verónica, el misterioso bosque del Valle Sagrado donde merodean el puma y el oso andino

Cerca de Ollantaytambo, el Área de Conservación Privada Santuario de La Verónica protege 20 hectáreas de bosque andino y actúa como un corredor biológico clave de fauna. En 2024, la investigación en el área liderada por la familia Bellota registró la presencia de 15 especies de mamíferos, incluyendo el puma y oso andino.
Texto: Daniel Contreras / Conservamos por Naturaleza
“Cuando estás en un espacio como este, ¿sabes qué? La naturaleza es como un niño que te dice ‘Te quiero, cuídame. Quiero darte mi sonrisa y mi energía’”, dice Miguel Bellota, titular del Área de Conservación Privada Santuario de La Verónica, un rincón donde el misterio y la espiritualidad se entremezclan en 20 hectáreas de bosque andino.
El Santuario de La Verónica se encuentra en Cusco, a solo media hora de Ollantaytambo, siguiendo un desvío que bordea al río Vilcanota.
En 2016, este lugar fue reconocido oficialmente como ACP por un período de 20 años.
Estas 20 hectáreas cumplen un rol clave a nivel ecológico, pues se ubican en un “hotspot” de biodiversidad en el valle interandino, actuando como corredor biológico para especies como el oso andino, el puma y aves endémicas.
Además, gracias a su particular microclima sus bosques albergan relictos de especies nativas como uncas, alisos, chachacomos y queñuas.
En 2023, esta área recibió financiamiento de la Beca Conservamos por Naturaleza -otorgada por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental- con un proyecto para mapear la diversidad biológica de mamíferos en el lugar.

Conservando en familia
Junto a su esposa Katty y sus dos hijas, Andrea (bióloga) y Pierina (comunicadora), Miguel ha sacado adelante este proyecto de conservación en los Andes del Cusco.
Desde los orígenes del área, la familia pensó en la posibilidad de realizar investigaciones y registrar las especies que habitan en el bosque.
Durante el 2024, Miguel y su equipo lograron inventariar un total de 15 especies de mamíferos. Aunque el orden más común fue el de los murciélagos (chiroptera), las especies más numerosas resultaron ser el ratón campestre de bosque montano (akodon torques) y el vampiro común (desmodus rotundus).
“Investigando y determinando las especies podemos constatar el estado de conservación del ACP”, señala Bellota. “Encontrar a estos mamíferos nos da una idea más amplia de su recorrido. A su vez, esto nos permite trazar un plan para poder conservarlas y protegerlas mejor”, precisa.
Confirmando la presencia del gran felino
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación fue corroborar la presencia del puma andino, un indicador de la buena salud del ecosistema.
“Es una alegría poder verlo tan cerca en videos y fotos. Incluso tuve la suerte de tener contacto directo con este felino. Nunca había visto tan de cerca un puma”, cuenta Bellota, quien afirma que no sintió temor sino fascinación.
“Fue una experiencia más bien mística y espiritual: tenerlo frente a nosotros y entender que este animalito quizás también busca nuestra protección o, de alguna manera, ha querido comunicarse”, recuerda.
Otros animales registrados que despertaron la curiosidad del equipo fueron el gato del pajonal (leopardus colocol) y el picuro andino (cuniculus paca), un animal propio de la ceja de selva.
Ahora, Bellota explica que el siguiente paso sería determinar sus espacios de hábitat para hacer un estudio de protección de estas especies.
Estos hallazgos demuestran el gran valor ecológico del área.
“Los espacios que nos quedan como este son muy reducidos. Si no los cuidamos los ecosistemas corren riesgo, porque estas especies cumplen funciones vitales para mantenerlos”, explica Bellota.

Servicios ecosistémicos
En el Santuario de La Verónica, la familia Bellota tiene un albergue que ofrece alojamiento y actividades como observación de aves, visitas a cataratas y senderismo para promover el ecoturismo y la conexión con la naturaleza. Pero su labor no se limita a eso.
El trabajo de conservación de la familia en el ACP contribuye a mantener el flujo de agua que discurre por la quebrada local y beneficia a cinco comunidades de la zona, es decir, aproximadamente 5 mil personas.
Bellota cuenta orgulloso que esta labor ha empezado a recibir el reconocimiento de los vecinos y la comunidad de Ollantaytambo y Urubamba. “Ellos han entendido que lo que hacemos es algo que nos beneficia a todos”, dice.
Gracias a los puentes que se empiezan a tender con la comunidad local, la familia Bellota ha empezado a divulgar sus hallazgos con cautela.
“En el poblado aún no es bien vista la presencia de felinos. Todavía se necesita mucha educación, sensibilización e información”, afirma Bellota.
Un legado para las futuras generaciones
Bellota espera que su labor sirva como un ejemplo del compromiso que se debe tener con la naturaleza, el bosque y la vida que alberga.
“Hacemos esto porque amamos y respetamos la naturaleza, y hay una conexión increíble con ella. Eso es lo que nos lleva a seguir adelante”, reflexiona el titular del ACP.
Para él, la misión del ser humano en la vida es dejar huella para que las nuevas generaciones comprendan la importancia de ser consecuentes con sus principios y sus ideales.
“¿Qué hacemos por la naturaleza ahora que nos necesita más que nunca? Tenemos que cuidar nuestra casa”, concluye.
Mientras tanto, espera seguir profundizando la investigación científica en el área, ampliar los estudios de movimientos de las especies, sensibilizar a la comunidad local y diseñar e implementar planes de conservación y protección.

