fbpx

Tacna en Bici, el colectivo ciclista que se convirtió en un referente nacional de movilidad sostenible

En Tacna, un grupo de ciclistas que empezó reuniéndose mensualmente en un parque contribuyó a la red de ciclovías más grande de la región, creó escuelas gratuitas de ciclismo para niños y viene luchando por una ciudad que ponga a las personas sobre los autos.

Marycarmen Romero, madre de familia, no había tocado una bicicleta en más de 15 años. “10 años atrás, si me preguntaban por andar en bici mi respuesta hubiera sido nula”, dice.

Desde hace seis meses, es parte del colectivo ciclista Tacna en Bici, y afirma que le ha cambiado la vida en un 80%.

“Es una terapia que me permite escapar de la realidad por un par de horas”, explica. “He encontrado una gran familia donde se comparten conocimientos y estrategias para superarte como persona. Cuando piensas ‘no podré hacer esta ruta’, te das cuenta que después lograste una el doble de larga’”.

De pedalear a la incidencia ciudadana

Tacna en Bici nació en 2017 como un grupo de ciclistas en la ciudad sureña que, convocados a través de redes sociales, se juntaban en un parque y pedaleaban en grupo el último jueves de cada mes.

“A esto se le conoce como masa crítica, y es un espacio seguro para que quienes no saben manejar bicicleta aprendan”, dice Franco Damiani, uno de los fundadores del colectivo.  “Los que más experiencia tienen se colocan en los alrededores como una burbuja y las personas que menos saben van al medio”.

Lo que comenzó como un grupo que organizaba bicicleteadas se convirtió en algo más ambicioso para exigir ciclovías y llevar a cabo acciones para promover el ciclismo en Tacna.

La visión del colectivo es que más tacneños se interesen en la sostenibilidad a través del uso de la bicicleta, y esperan que cada actividad contribuya a generar conciencia ambiental y visibilizar la comunidad ciclista.

Con el tiempo, Tacna en Bici propuso un plan de ciclovías, recolectó firmas, creó biciescuelas, organizó foros con ponentes locales e internacionales e hizo mantenimiento de ciclovías con sus propios recursos.

Las biciescuelas, espacios gratuitos de enseñanza para niños y adultos, han tenido una especial gran acogida entre el público tacneño.

“Llegan padres con sus hijos y siempre preguntan cuándo va a haber otra. Se llena de niños. Lo que nos pasaba al inicio era que teníamos déficit de bicicletas, pero eso quiere decir que es un éxito”, dice Franco, quien explica que el sueño es conseguir un contenedor en un parque para guardar las bicis y que la escuela funcione de forma permanente.

Él recuerda un momento particularmente conmovedor cuando una madre llegó con su hijo parapléjico. No tenían cómo llevarlo, pero tenían una bicicleta con carrito.

“Al niño lo veías sonreír y disfrutar  el viaje. Para él era una montaña rusa, una súper aventura. Regalarle ese momento a este chico fue súper emotivo.”

Otro evento importante es la bicicleteada anual al Alto de la Alianza. Durante este feriado en Tacna, que conmemora la batalla con Chile, entre 100 y 200 ciclistas suben al cerro Intiorko.

Tres historias sobre ruedas

Franco, quien vivió en Tacna durante dos años, empezó a usar la bicicleta cuando era adolescente para ir al colegio.

Luego comenzó a usarla para acampar y viajar por el Perú.

“En esa época la bicicleta era sinónimo de aventura, de salir de mi zona de confort y vivir experiencias que pueda contar. Cuando llegué a esta ciudad, mi gusto por la bicicleta fue cambiando y hoy es un símbolo por una ciudad más amigable con las personas”, cuenta.

Cuando se mudó a Tacna, su intención no era exactamente formar un colectivo, sino “dejar la mayor huella posible” y que la gente empezara a hablar de la bicicleta.

Para Estefanía Torres, psicóloga y miembro del colectivo, el interés por la bicicleta y la movilidad sostenible viene desde que fue brigadier ambiental en el colegio, y ve en ella una herramienta para trabajar con niños y fortalecer valores ambientales.

“La bici es como una cura que relaja la mente y te permite conectar contigo mismo. Me ayuda a manejar mejor mis emociones”, dice.

Rosario Arenas, por su lado, llegó al ciclismo y Tacna en Bici tras lesionarse la rodilla cuando practicaba atletismo.

“La bicicleta me ayudó a hacer deporte sin lastimarme, y a conocer lugares nuevos. Si te sientes mal y quieres despejar la mente, no hay nada mejor que agarrar tu bici”, explica.

De referente local a premio nacional

Uno de los principales logros que destaca Franco de Tacna en Bici es haber contribuido a la red de 15 kilómetros de ciclovías en el distrito de Gregorio Albarracín, así como su conexión con el centro de la ciudad.

Hoy, esta red es la más grande del sur peruano.

Además, en 2024 ganaron el reconocimiento Cecilia Melgar Bravo en los Premios Ciudad organizados por Lima Cómo Vamos, en reconocimiento a su trayectoria en movilidad sostenible. Esto les dio visibilidad a nivel nacional.

“Creo que ya somos un referente en Tacna en cuestión de bicicletas, ciclovías y movilidad sostenible. Ya nos conocen: pasa algo y nos llaman, y las autoridades nos invitan a las actividades”, explica Franco.

Otro logro es haber reparado las bicicletas donadas por la municipalidad de Tacna para las biciescuelas.

“Antes no contábamos con bicicletas y las pedíamos prestadas. Finalmente logramos que nos donaran unas bicicletas guardadas. Aunque estaban en pésimo estado, las arreglamos y pintamos con nuestros propios recursos”, cuenta Rosario.

El colectivo también impulsó la campaña “Yo me muevo por Tacna” para que los candidatos firmen compromisos de ciclovías, veredas y transporte público, que llevó a que el alcalde provincial construya una ciclovía en una zona conflictiva de la ciudad.

Cuando la ciudad no respeta al ciclista

Pese a los logros, todavía existen obstáculos para que el ciclismo se consolide como una alternativa de movilidad sostenible en Tacna.

Franco explica que en Tacna no existe una buena cultura de convivencia en el espacio público”.

“Es lamentable, porque uno cruza la frontera a Chile y los mismos conductores de Tacna se comportan diferente por temor a la sanción legal. No es que desconozcan, sino que quizás piensan que los peatones y ciclistas no merecen más respeto”, afirma.

“He sido atropellado tres o cuatro veces. Por suerte nunca me pasó nada, siempre he tenido buena suerte. Pero a mi esposa la atropelló una camioneta cuando iba en bicicleta delante mío”, añade.

Para él, la infraestructura deficiente agrava el problema: calles demasiado anchas que incitan a la velocidad, óvalos enormes sin sombra y cruces peatonales que priorizan al auto.

“Que una persona caminando tenga que darse una vuelta o cruzar un puente para que los carros puedan ir a toda velocidad es poner al auto por encima de las personas. No tiene lógica hacer eso en ciudades como las peruanas, donde solamente el 15% de la población tiene auto, pero se le da el 80% del espacio público”, reclama.

Además, explica que conducir en estado de ebriedad y usando el celular es algo frecuente en Tacna.

Por eso, para él urge invertir en seguridad y educar a los conductores, sobre todo los de combis y micros, que son los vehículos más grandes y agresivos con los ciclistas.

“Lo más frustrante para una persona que maneja bicicleta es que los conductores tienen cero empatía. Invaden la ciclovía, la usan como estacionamiento personal. Si les pides que por favor la liberen, te gritan: ‘Ándate por la pista’. Y andar por la pista siendo ciclista es poner en riesgo tu propia vida”, lamenta Marycarmen.

Rosario concuerda. “Estoy manejando tranquilamente y me hacen sonar la bocina horrible. Soy nerviosa, y cuando hacen eso pierdo el equilibrio y puedo lastimarme. He dejado de ser femenina para poder movilizarme, porque me he tenido que pelear con gente. Les he mandado a los señores hasta la Z para que aprendan a respetarme”, explica.

Un movimiento creciente

Franco advierte que en Tacna se ha instalada la idea de que “no funcionan las ciclovías” y que “no hay ciclistas suficientes”, porque durante la pandemia se implementaron ciclovías que no estaban bien socializadas, redujeron el espacio del auto y causaron rechazo entre los conductores y algunos vecinos.

Pero él rebate esta idea.

“Volteo y donde sea que vea, veo a una persona en bicicleta: un panadero, un repartidor de diarios, un jardinero, una madre llevando a su hijo al colegio. Puedo confirmar que hay mucha más gente moviéndose en bicicleta en Tacna”, señala.

“Se entiende la preocupación de que las ciclovías pueden afectar el tráfico o el comercio, pero no son los autos los que compran, son las personas. Si tú tienes un local y le das el espacio al auto estás perdiendo la oportunidad de recibir a muchas más personas”, precisa.

Hacia una ciudad para la gente

Actualmente, Tacna en Bici está en una transición para ampliar su alcance a otros puntos urbanos como el arbolado, las veredas y la recuperación integral del espacio público.

Mirando hacia el futuro, Franco espera que algún día Tacna sea una ciudad que “apueste por las personas, esté conectada con ciclovías en todos los distritos y tenga espacios seguros para los escolares”.

Estefanía, por su parte, anhela más leyes que protejan al ciclista y permitan que los objetivos de desarrollo sostenible se implementen realmente, mientras que Rosario aspira a que todos los ciclistas tacneños puedan disfrutar de pedalear sin miedo.

Finalmente, Franco anima a más personas a usar la bicicleta, porque en trayectos cortos y medios es más rápida y barata, mejora el ánimo y trae beneficios para la salud.

Además, invita a las personas a sumarse como voluntarios.

“Quisiéramos más gente que nos apoye. Queremos hacer un programa de voluntariado para que sean jóvenes y estudiantes los que enseñan a los niños y poder mantener esto permanentemente. Y también, una persona que no tenga tiempo y que tenga una bicicleta sin usar puede donarla, porque nosotros la vamos a hacer rodar, la vamos a arreglar y vamos a hacer que la use alguien”, comenta.

Por su lado, Marycarmen anima a la gente a sumarse, en base a su propia experiencia.

“Hace seis meses no sabía que todo esto iba a pasar y que me iba a cambiar”, dice. “Si eres una mujer, sin importar la edad, olvida el temor a ser juzgada. Te vamos a aceptar con los brazos abiertos”.

Por último, Estefanía enfoca su mensaje en los jóvenes. “Las nuevas generaciones tienen la visión de hacer cambios por la sociedad, pero no siempre saben cómo. Este grupo propone, tiene una visión y te da las herramientas, así como el aspecto altruista de apoyar a los demás y a la comunidad”, comparte.