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Antonio Fernandini

Antonio Fernandini

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La ficha técnica

Ubicación:

Madre de Dios

Extensión:

479,57

Norma:

RI. Nº 273-2006

Vigencia:

04/09/06

Desde la ventana de la sala de reuniones del Centro Sowewankeri, en la comunidad del Alto Loboyoc, se vislumbra un futuro promisorio: una sección de bosque bien conservado, que llena todo el horizonte, dorándose al sol de la tarde. Allí, en una suerte de anfiteatro recién construido por los comuneros, están sentados Antonio Fernandini, líder del proyecto, y sus compañeros de la comunidad, absortos por el paisaje y quizás pensando en los retos por venir.

La historia de Sowewankeri comenzó hace tres años, cuando Antonio Fernandini llegó a Alto Loboyoc con el fin de construir un albergue dedicado a la realización de sesiones de ayahuasca bajo la tutela de maestros de la etnia Haramkbut, que habitan en Madre de Dios y con los que mantiene una relación cercana. Antonio se inició en esta misteriosa práctica ancestral hace doce años, cuando se embarcó en el proyecto que se ha convertido en el norte de su vida: la conservación del águila arpía, una de las especies más amenazadas de la Amazonía. Sowewankeri significa águila arpía en lengua Haramkbut. En más de una década de trabajo, Antonio ha liberado 18 águilas al bosque y ayudado a proteger a muchas otras al estudiar su hábitat y ecología.

Instalado en Alto Loboyoc, Antonio decidió emprender un proyecto de conservación que permitiera crear un corredor biológico perpendicular a la ruta de la carretera interoceánica, para asegurar la protección del medio ambiente cuando el asfalto facilite el tránsito pesado y la llegada de nuevos habitantes en busca de los recursos del bosque. Entonces se juntó con 29 de las 30 familias de la comunidad para solicitar al Estado una concesión para conservación de 500 hectáreas de terreno anexas a la comunidad.

La respuesta fue positiva y se les otorgó la concesión. Y ahora ellos están encargados de manejar esa extensión de territorio. Pero las cosas no han sido fáciles. A la falta de fondos para hacer los trabajos y cumplir con la carga administrativa, la futura asociación ha debido enfrentarse a problemas realmente serios, como un incendio provocado por agricultores vecinos que escapó de control y amenazó con tragarse el albergue. El fuego llegó a pocos metros de las construcciones y tuvo que ser combatido a fuerza de pala, machete y balde, con el consiguiente saldo de quemaduras entre los improvisados bomberos. Pero no se rindieron.

El proceso de colocación de linderos está en fase bien avanzada, así como la construcción de un edificio nuevo de dos pisos, hecho con madera y hojas de palma, que contará con veinte acomodaciones para recibir visitantes. Los planes incluyen construir una trocha semielevada que comunique el río con el albergue y atraviese la concesión, lo que permitirá a los visitantes conocer los diferentes hábitat que posee, y observar gran cantidad de flora y fauna. La construcción de un voladero de águilas es también parte del plan, para que los turistas puedan conocer de cerca los planes de conservación de estas aves amenazadas. Otra de las cosas que preocupa a Antonio Fernandini es el cambio en la forma de vida de los nuevos agricultores amazónicos, en su mayoría llegados de los Andes, quienes tienen en las actividades de roce y quema su principal sistema de cultivo. Antonio propone, como parte de su proyecto de conservación, crear el Comité Agroforestal de Alto Loboyoc y poner en marcha un plan de desarrollo agrícola sostenible, que contempla un cambio del patrón de cultivos tradicionales por otro ecológico y permanente, con productos que armonicen con el bosque y permitan evitar la nociva quema. Para esto está tejiendo relaciones con las comunidades vecinas y con instituciones académicas, como el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y la Universidad Nacional de Madre de Dios (UNAMAD), que cuenta con un local vecino a la concesión. De esta forma, los alumnos de la UNAMAD podrían certificar sus prácticas en agroforestería, silvicultura y dendrología trabajando con los comuneros por un periodo de tiempo.

Lograr la producción sostenida de plantones de shihuahuacos certificados para vendérselos a los concesionarios forestales de la zona es una de las ideas que rondan por la asociación; o generar productos de valor agregado para ofrecerlos a los albergues de la región. Solo así creen que podrán contrarrestar las posibles influencias negativas de la carretera y el avance de la deforestación. Hoy, se encuentran avocados a la concreción de sus planes, antes que las máquinas asfaltadoras comiencen a hacer sonar sus motores en la zona. Los comuneros de Loboyoc no dejan de moverse: cargan los hitos de su terreno hacia el bosque, cepillan las tablas para el albergue, hacen muebles con madera de árboles caídos y salen a patrullar los terrenos de la concesión. Ven el futuro con optimismo y, a través de sus ojos, se lee el claro deseo de ver por muchos años el verde intenso de la selva cada vez que se asomen por las ventanas de sus casas.